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Nuestro compromiso político con el Cosmos |
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EL PANORAMA MUNDIALa. La pérdida de capacidad de autorregulación de la biosferaLa humanidad ingresa al siglo XXI de la era cristiana en un planeta cuya biosfera (como lo prueban el fenómeno de El Niño y sus efectos), o ha perdido su capacidad de autorregulación debido a las múltiples agresiones de que ha sido objeto, o está buscando un nuevo "orden" ecológico a través de procesos de cambio a los cuales no se encuentra debidamente adaptada nuestra especie.Múltiples estudios, entre otros las investigaciones de LA RED, han demostrado que mientras el número de eventos de origen natural, tales como terremotos o erupciones volcánicas, ha permanecido constante en las últimas décadas, esos mismos eventos cada vez producen más desastres y esos desastres cada vez producen más pérdidas económicas y víctimas humanas. Si los riesgos, como potencialidad de un desastre (y los desastres como actualización de los riesgos) surgen de la confluencia de unas amenazas con unos factores de vulnerabilidad, y si, como ya se dijo, las dinámicas de la naturaleza susceptibles de convertirse en amenazas no han cambiado, necesariamente tiene que ser la vulnerabilidad, el otro factor de la ecuación, la que se ha incrementado. Es decir, que la comunidad humana en su conjunto es cada vez más vulnerable. Por otra parte, los fenómenos de tipo socio-natural (como las inundaciones y los deslizamientos, que se expresan a través de la naturaleza pero cuya causa última es la actividad humana), sí han aumentado en cantidad y en intensidad debido al equivocado manejo que les hemos dado a los ecosistemas con los cuales nos relacionamos, e incluso existen pruebas de que también los huracanes (que hasta hace poco se consideraban fenómenos eminentemente naturales), se han incrementado en cantidad y en poder destructivo como consecuencia del "calentamiento global" de nuestro planeta. Así mismo, fenómenos eminentemente antrópicos, como la contaminación ambiental en todas sus formas y la violencia en sus múltiples expresiones, también han aumentado, dando lugar tanto a nuevas y más graves amenazas como a formas más dramáticas de vulnerabilidad, o sea, de incapacidad o debilidad de las comunidades para adaptarse constructivamente a los cambios dentro de su propio interior y del ambiente que ocupan. Durante los últimos trescientos años (y de manera acelerada a partir de la segunda mitad de este siglo) se ha venido imponiendo una concepción del desarrollo basada, en los hechos, en la explotación de la naturaleza por parte de la especie humana, en la explotación de unas regiones del planeta por parte de otras y en la explotación de unos sectores mayoritarios de la población del mundo por parte de unas minorías privilegiadas. A esa concepción del desarrollo, causa y consecuencia de la cultura predominante y a la cual, sin duda alguna, se le deben reconocer múltiples beneficios para la sociedad humana, se le debe atribuir también la demostrada incapacidad de nuestra especie para relacionarse con la Tierra de manera sostenible, entendida la sostenibilidad en los términos con que explícitamente la enfocamos unos párrafos atrás para efectos de este documento. Incapacidad que se expresa en esa cada
vez mayor vulnerabilidad (económica, ecológica, política,
social, tecnológica, cultural, institucional, etc.) de la mayor
parte de los seres humanos que habitan el planeta, y en el incremento de
las amenazas capaces de desencadenar nuevos desastres tanto a partir de
fenómenos de origen natural como por procesos eminentemente antrópicos.
Regulación de la biosfera | Brecha entre ricos y pobres | Globalización | Nuevos riesgos | Subsostenibilidadb. La profundización de la brecha entre ricos y pobresUna expresión máxima de esa concepción del desarrollo, la constituye el modelo neoliberal de la economía (con todos sus efectos sobre las demás dimensiones de la existencia humana), según el cual las leyes del mercado están en capacidad, por sí mismas, de determinar qué es bueno y qué no es bueno para el planeta y para los seres que lo habitamos, y de eliminar, por una especie de "selección natural del más apto", a todos los modelos de relacionamiento entre seres humanos y entre nosotros y la biosfera, que no satisfagan los principios o los propósitos de esa forma de entender y de impulsar el desarrollo. Sin embargo, los hechos están demostrando que, así como en términos estrictamente ecológicos la población humana es cada vez más vulnerable, también en términos sociales y económicos la brecha entre los ricos y los pobres es cada vez más profunda, lo cual se traduce, directamente, en unas condiciones de mayor vulnerabilidad para quienes padecen la pobreza y para los ecosistemas que ocupan, pero también, indirectamente, para las minorías del planeta que acumulan en sus manos y consumen más recursos, y cuyo impacto sobre la Tierra, en consecuencia, es más significativo. En un sistema complejo, dinámico y no lineal como la biosfera, cuyos elementos están íntimamente interconectados entre sí, las vulnerabilidades de unos, necesariamente, se convierten tarde o temprano en vulnerabilidades de todo el sistema. El documento elaborado por el Comité Académico del proceso preparatorio de la Cumbre Social contra la Pobreza y por la Equidad y por la Paz de 1998 resalta los datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, según los cuales en el planeta existen 358 personas cuyos activos superan los mil millones de dólares cada uno, de manera que su riqueza es mayor que el ingreso del 45% de todos los habitantes de la Tierra (aproximadamente 2.700 millones de personas). El 20% más rico de la población mundial concentra el 85% del producto total, mientras que el 20% más pobre sólo dispone del 1.5% de ese producto. Otro documento auspiciado por el PNUD, titulado "Educación - La Agenda para el Siglo XXI", confirma cómo "la globalización económica no está reduciendo la disparidad en los niveles de vida. Al contrario: entre 1960 y el comienzo de la presente década, la participación en el ingreso del 20% más rico de la población mundial saltó de un 70% a un 87% y el coeficiente de Gini --una medida sumaria de desigualdad-- se deterioró de un penoso 0.69 a un escandaloso 0.87. Los contrastes, por lo mismo, siguen siendo abismales: la esperanza de vida al nacer va desde 33.6 años en Sierra Leona hasta 79.8 años en Japón. El alfabetismo adulto va desde 13% de Niger hasta casi 100% de los países industrializados, y el ingreso per capita ajustado por el costo de vida local sigue yendo desde 352 dólares de Ruanda hasta los 34.155 en Luxemburgo." Por su parte el documento "Nuestra Propia Agenda" indica que "aunque la situación varía entre los países, se estima que en 1960 la población bajo el nivel de pobreza en América Latina y el Caribe era de 110 millones de personas y representaba el 51 por ciento de esa población. El porcentaje disminuyó al 40 por ciento en 1970 y al 35 por ciento en 1980. Sin embargo, la tendencia cambió en la presente década, estimándose que los pobres de la Región (163 millones) volvieron a representar no menos del 40 por ciento de la población, de los cuales 61 millones estarían en el nivel de la extrema pobreza. El número absoluto de pobres (en América Latina y el Caribe) en 1985 era casi un 50 por ciento mayor que el existente en 1960 y un 25 por ciento mayor que el de 1980. En 1990, el número de pobres alcanzó 204 millones. En cuanto a las necesidades básicas, se calcula que un 40 por ciento de los hogares no consumen el mínimo de calorías necesarias; que de 12 millones de niños nacidos anualmente, más de 700.000 mueren antes de los doce meses; que la tasa de deserción en la escuela primaria es del 15 por ciento (mayor que las de Africa y Asia); el desempleo y el subempleo afectan al 44 por ciento de la fuerza laboral y el 68 por ciento de las viviendas pueden clasificarse como inadecuadas." En términos de calidad atmosférica en América Latina y el Caribe, se calcula que 81 millones de habitantes de zonas urbanas de la región están expuestos de manera permanente a condiciones atmosféricas inadecuadas, y 38 millones de personas habitan en ciudades donde la contaminación se considera "solamente intermitente", lo cual se traduce, en enfermedades respiratorias crónicas y pérdida de capacidad laboral. En Ciudad de México se han multiplicado por seis las muertes debidas a cáncer y enfermedades respiratorias desde 1956, y las enfermedades cardiovasculares se han cuadruplicado. Y en cuanto a agua y saneamiento ambiental hace referencia a que "la región presenta todos los inconvenientes del modelo de desarrollo industrial, pero sin los beneficios que este acarrea para los países desarrollados. Varios de los principales ríos de la región presentan problemas de contaminación biológica y química, producto especialmente de los centros urbanos, de la industria y de la agricultura (fertilizantes, plaguicidas, etc.)". Regulación de la biosfera | Brecha entre ricos y pobres | Globalización | Nuevos riesgos | Subsostenibilidadc. La globalización neoliberal y sus efectosEn las últimas décadas la implantación de las políticas neoliberales y "de ajuste" impuestas por los organismos financieros internacionales a los países de América Latina, produjeron no solamente un empobrecimiento mayor de los sectores más pobres de la población (con consecuencias como el "caracazo" de Venezuela"), sino además un deterioro notable de la calidad de vida de los sectores de clase media que tradicionalmente habían cumplido la función de "colchón amortiguador" de los desequilibrios económicos en los países del llamado Cono Sur. En su "Libro de los Abrazos", Eduardo Galeano transcribe un grafiti que apareció a la entrada de una zona tugurial de Montevideo en los momentos en que las políticas neoliberales comenzaron a surtir sus efectos en el Uruguay, que a la letra rezaba: ¡BIENVENIDA CLASE MEDIA! Así mismo, se habla de "el milagro chileno" para referirse a los resultados de las políticas neoliberales y de ajuste económico y fiscal en Chile, cuando el verdadero milagro es que las clases medias y populares de ese país hayan podido sobrevivir a dichas políticas. En nuestro país el impacto de esas mismas políticas no se sintió en un principio de manera tan abrupta e inmediata, debido en parte a la existencia de una bonanza económica artificial y aparente, producto de la economía del narcotráfico, pero en este momento todos los sectores económicos y sociales, urbanos y rurales, resienten en toda su magnitud (cierre de empresas, abandono del campo, concentración de la riqueza en pocas manos, desempleo, pérdida de la capacidad adquisitiva y deterioro de la calidad de vida) los efectos de la apertura económica neoliberal, tal y como se aplicó en Colombia, sin haber tomado las medidas previas necesarias para reducir las vulnerabilidades de nuestra economía frente al resto del mundo. Hay que preguntarse, por supuesto, si en el contexto de la economía global existía alguna posibilidad real de reducir esas vulnerabilidades. Inclusive países como los llamados "tigres asiáticos" (Tailandia, Corea, Indonesia, Malasia, Filipinas y Japón) han caído en los últimos meses en una crisis económica, política, social y sociológica que nadie se hubiera atrevido a pronosticar cuando nos los mostraban como ejemplos del éxito y de las posibilidades infinitas de las políticas neoliberales y de la globalización. "Tras observar el desempeño de los negocios y el tamaño de su economía puede decirse que era difícil anticipar el tamaño de la actual crisis económica en el Asia. Los más pesimistas esperaban sólo una decadencia gradual en la tasa de crecimiento. Sin embargo, lo que ha experimentado la economía de esta región del mundo es algo más complejo y dramático: el colapso del mercado doméstico de valores, un generalizado fracaso de la banca, gran pérdida de valor de la moneda, altos niveles de inflación, quiebra de un gran número de empresas, resultando lo que parece ser una severa y real desaceleración de la economía." En cuanto al Japón, "vale la pena señalar que en el presente año las bancarrotas de entidades financieras y corporaciones han aumentado en 30%, comparado con el mismo periodo del año anterior. Sólo en febrero, 1.583 compañías se declararon insolventes; se calcula que para fines de este año el número de entidades financieras en quiebra puede llegar a ser de 17.000." La prensa registra un promedio de 65 suicidios diarios de empresarios japoneses, como consecuencia de la recesión económica. La misma General Motors acaba de liquidar cerca de 50 mil trabajadores en Estados Unidos, un equivalente al 22% de su planta laboral. Un panorama mundial como el descrito, se presenta en un planeta que en el año 2.000 pasará de seis mil millones de habitantes (cifra que se alcanzó en 1998), que en el 2.009 llegará a siete mil millones, en el 2.021 a ocho mil millones, en el 2.035 a nueve mil millones y en el 2.054 a diez mil millones, es decir, que para ese año la población mundial se habrá duplicado en comparación con el número de personas existentes en 1987 sobre la faz de la Tierra. En un planeta cuya alimentación depende en un 90% de solamente veinte especies (tres de las cuales –maíz, arroz y trigo—representan más de la mitad) y cuya biodiversidad animal, vegetal, genética, étnica, cultural y ecosistémica se está empobreciendo a ritmo acelerado como consecuencia del deterioro del ambiente y de la homogenización de las culturas regionales y locales, lo cual se traduce en que, en términos de seguridad alimentaria, la humanidad es cada vez más vulnerable. En un planeta en el cual el acceso al poder depende de la capacidad de acceder oportunamente a la información pertinente y necesaria, y de digerir esa información y convertirla en decisiones eficaces. Se calcula que a principios de este siglo en los Estados Unidos dos tercios de la población trabajadora se encargaba de la fabricación de objetos materiales y hoy dos tercios de esa misma población se dedica exclusivamente a tomar decisiones. Según el informe "Colombia: Al Filo de la Oportunidad" de la Misión Ciencia, Educación y Desarrollo, "no es una coincidencia que el 94% del número total de científicos pertenezcan al Primer Mundo. Aun cuando el Tercer Mundo representa el 77% de la población mundial (...) posee un mero 6% de los científicos del mundo. Los países desarrollados, con el 23% de la población humana, lideran los sistemas de mercado, controlan la generación, transferencia y comercialización de tecnología y fomentan la investigación científica. Sólo el 1% de los científicos del mundo son latinoamericanos, y de estos sólo el 1% son colombianos. Colombia cuenta en la actualidad con 5.000 científicos (180 por millón)... Para un nivel adecuado de competencia, con una población de 36 millones de habitantes Colombia debería tener en la actualidad no menos de 36.000 científicos e ingenieros. Países industrializados como el Japón cuentan entre 3.548 y 4.853 científicos e ingenieros por millón de habitantes, y los Estados Unidos entre 2.685 y 3.265." Lo paradójico es que no menos del 50% de los científicos de los Estados Unidos está ligado en una u otra forma a la actividad militar, a la cual hoy se destinan anualmente 250 mil millones de dólares (apenas 50 millones menos que cuando la guerra fría se encontraba en su punto más álgido). A pesar de avances humanos tan significativos como el INTERNET, que aparentemente democratiza de una manera sin precedentes el acceso a la información disponible en la humanidad en este instante, todavía es muy grande la brecha entre los países que generan información para la toma de decisiones y los países que se limitan solamente a recibir tanto esa información como las decisiones que otros adoptan. Y a nivel interno, es todavía muy grande –en muchos casos cada vez más grande-- la brecha entre quienes tienen acceso a la información y a los procesos de toma de decisiones y quienes, para efectos prácticos, se encuentran en situación de marginalidad y analfabetismo. Regulación de la biosfera | Brecha entre ricos y pobres | Globalización | Nuevos riesgos | Subsostenibilidadd. Nuevos riesgos y nuevas posibilidadesEl próximo siglo será testigo de la aparición de nuevas amenazas, de nuevas vulnerabilidades y, en consecuencia, de nuevos riesgos, así como de la redefinición cuantitativa y cualitativa de riesgos ya existentes, lo cual exigirá profundas transformaciones culturales para poder afrontar los retos que ellos conllevan y poder garantizar un futuro sostenible para la especie humana sobre la superficie de la Tierra. Sólo a manera de ejemplo, vamos a mencionar la "democratización" del poderío nuclear, que ya constituía una peligrosisima amenaza para la humanidad cuando era monopolio de las grandes potencias, pero que ahora, en manos de países "subdesarrollados" (para utilizar la denominación convencional) o "subsostenibles" (para utilizar nuestra propuesta), cuyos modelos de éxito (o al menos los de sus dirigentes) no difieren de los de esas potencias, adquiere nuevas dimensiones y nuevas connotaciones, no menos peligrosas para la existencia de la vida en nuestro planeta. O el desarrollo de la biotecnología de punta, que si bien encierra prometedoras perspectivas en cuanto a la posibilidad de curar enfermedades como el SIDA, el cáncer o la creciente gama de enfermedades auto-inmunes para las cuales no se ha encontrado todavía una cura satisfactoria (y que, según varios investigadores, están íntimamente relacionadas con la manera como se ha concebido y administrado la salud en la cultura predominante), también conlleva múltiples riesgos, previstos unos (como sus posible aplicación para usos bélicos), insospechados otros. La biotecnología de punta avanza con pasos mucho más veloces que la ética (la bioética) y, por supuesto, que la capacidad humana para convertir esa bioética en un compromiso de responsabilidad colectiva que obligue especialmente a los políticos, a los científicos y técnicos, a los inversionistas, a las universidades y a las empresas y laboratorios que tienen en sus manos los recursos económicos, científicos y técnicos para manipular el software y el hardware genético de los seres vivos, incluidos nosotros los humanos. En ese desfase entre el avance de la biotecnología y el de la bioética como patrimonio cultural colectivo, radica el principal motivo de riesgo. O, no lejos de la biotecnología, el avance de la informática y de campos específicos de aplicación de la misma como son la inteligencia artificial ( AI: Artificial Inteligence ) y la vida artificial ( A-Life: Artificial Life ), capaces de redefinir incluso el significado mismo de la condición humana y que, para bien o para mal (dependiendo de nuestra capacidad para administrarlas ), introducirán profundas transformaciones en la vida cotidiana no solamente de los países capaces de liderar esos avances, sino de todos los seres humanos. Pensemos solamente en la capacidad de los virus informáticos para alterar la normalidad de un mundo cada vez más dependiente de las computadoras, para no hablar de las perspectivas de la llamada ciberguerra (ciberwar) o de la llamada bioguerra (biowar) , basadas ambos en los mismos principios, la primera actuando sobre y con información digital, la segunda sobre y con información biológica. Lo anterior, aparte de temas que todavía parecen propios exclusivamente de la ciencia ficción , como las implicaciones que tendrá sobre el desarrollo del mundo --y en consecuencia sobre la paz y la guerra en el mundo-- la capacidad del ser humano para manejar el clima; o la capacidad para predecir con exactitud la ocurrencia de terremotos; o el significado y los efectos resultantes de un eventual contacto con otras formas de vida (no importa cuan "elemental" esta sea), logros de los cuales muy seguramente van a ser testigos los habitantes del siglo XXI. Si no hemos logrado desarrollar una ética que nos permita interactuar respetuosamente con las demás expresiones de la vida que comparten con nosotros el planeta (basadas todas, al igual que nosotros, en una misma "biología" del carbono), ¿cómo vamos a estar capacitados para convivir creativamente en la diversidad con otras manifestaciones de la vida, basadas o no en los mismos principios que rigen la vida en la Tierra? Regulación de la biosfera | Brecha entre ricos y pobres | Globalización | Nuevos riesgos | Subsostenibilidade. Desarrollo y Subdesarrollo versus Sostenibilidad y SubsostenibilidadEn los países del llamado "Tercer Mundo" nos faltan indicadores y parámetros que nos permitan medir el desarrollo en función de nosotros mismos y de nuestras propios caminos, y no necesariamente en comparación con otras realidades, surgidas de otras latitudes, de otros ecosistemas, de otras características étnicas, culturales y económicas, y de otras historias. Nos referimos a nosotros mismos como países "subdesarrollados" o "en vías de desarrollo", no porque nos estemos mirando la cara en un espejo que nos refleja, sino en la fotografía de otros que consideramos y se consideran a sí mismos como "desarrollados". Habremos avanzado cuando hablemos de que somos países "subsostenibles" o "en vías de sostenibilidad", o países "sostenibles" o "insostenibles", como resultado de haber analizado nuestras propias realidades, y cuando hayamos definido criterios propios para un desarrollo en función de la convivencia armónica entre las comunidades y su entorno ecológico, de la legitimidad de las instituciones y la representatividad de los gobernantes, de la capacidad de gestión de las comunidades y de la eficacia real de las instituciones democráticas, del respeto a los derechos humanos y de la seguridad alimentaria, o del significado en términos de nuestros propios imaginarios. Y por supuesto, de la eficacia de nuestras propuestas educativas, para formar seres humanos capaces de convertir esos criterios en transformaciones reales. No se trata, por supuesto, de limitarse a reemplazar mecánicamente el término subdesarrollado por el término subsostenible o el término desarrollado por el término sostenible , sino de adoptar y socializar nuevos parámetros (y con ellos nuevos indicadores) de evaluación del desarrollo, en función de lo que hemos denominado sostenibilidad global . Si bien es cierto que algunos indicadores de desarrollo, como la disminución de la morbi-mortalidad infantil o el acceso al servicio de agua potable, indican un incremento de la calidad de vida de una comunidad y, desde ese punto de vista, una mayor sostenibilidad, también lo es que, en otros casos, lo que convencionalmente se reconoce como desarrollo , suele acarrear un empobrecimiento ambiental, organizativo y cultural de la comunidad y, en consecuencia, una mayor vulnerabilidad (o lo que es lo mismo: una menor sostenibilidad). Así mismo, desde esta óptica también resulta evidente cómo la aparente sostenibilidad de algunos países o de algunos sectores y actores sociales dentro de los países, depende de la insostenibilidad de otros países o sectores sociales, y cómo, en consecuencia, muchas de las sociedades que se denominan a sí mismas desarrolladas, no solamente son insostenibles sino que además exportan al resto del mundo sus insostenibilidad. Regulación de la biosfera | Brecha entre ricos y pobres | Globalización | Nuevos riesgos | Subsostenibilidad |
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Última actualización 01/02/2000 Por Germán Bustos Correo electrónico: atarraya@planetaecologico.com |
El web del Movimiento Ambiental Colombiano es una contribución de Proyecto Atarraya al debate de ideas en el movimiento ambientalista colombiano. Los documentos presentados en este sitio representan únicamente la opinión de sus autores |